Los 147 países y jurisdicciones que integran el Marco Inclusivo OCDE/G20 sobre erosión de bases imponibles y traslado de beneficios alcanzaron un acuerdo clave para aplicar de manera coordinada el impuesto mínimo global, aquel que garantiza una tasa efectiva mínima del 15% sobre las rentas de los grupos multinacionales con ingresos consolidados superiores a 750 millones de euros. La novedad más comentada del pacto es la incorporación de una solución alternativa dirigida especialmente a los grupos estadounidenses, un régimen paralelo que entra en vigor desde 2026 y que estará disponible en todas las jurisdicciones a partir de 2027, diseñado para responder a las presiones de Washington sin desmantelar la arquitectura global del acuerdo.
Este acuerdo, más allá de sus tecnicismos, confirma una tendencia que ningún empresario con vocación internacional debería ignorar. La era de la planificación fiscal basada únicamente en trasladar utilidades hacia jurisdicciones de baja tributación está llegando a su fin. Cuando el piso efectivo es 15% en prácticamente todo el mundo, la variable que vuelve a mandar es la sustancia. Dónde están las operaciones reales, el personal, los activos y las decisiones de cada grupo, y no dónde está registrada su casilla postal. Esta transformación redefine el valor relativo de los incentivos tributarios que los países ofrecen para atraer inversión.
El contexto de esta negociación merece un párrafo propio, porque explica la relevancia del desenlace. Tras el retorno de la administración Trump y sus amenazas de adoptar medidas de represalia contra la reforma tributaria internacional, muchos analistas anticipaban el colapso del consenso alcanzado en 2021. Lo que ocurrió fue lo contrario. El Marco Inclusivo desarrolló un sistema paralelo que atiende las inquietudes estadounidenses sin renunciar al piso mínimo global, preservando así una reforma que aspira a generar una recaudación adicional estimada en 150 mil millones de dólares a nivel mundial. Es, en términos diplomáticos y técnicos, una solución pragmática que salva el proyecto multilateral más ambicioso de la fiscalidad moderna.
La firma considera que este acuerdo, más allá de sus tecnicismos, confirma una tendencia que ningún empresario con vocación internacional debería ignorar. La era de la planificación fiscal basada únicamente en trasladar utilidades hacia jurisdicciones de baja tributación está llegando a su fin. Cuando el piso efectivo es 15% en prácticamente todo el mundo, la variable que vuelve a mandar es la sustancia. Dónde están las operaciones reales, el personal, los activos y las decisiones de cada grupo, y no dónde está registrada su casilla postal. Esta transformación redefine el valor relativo de los incentivos tributarios que los países ofrecen para atraer inversión.
Para el empresariado peruano existen dos lecturas de aplicación inmediata. La primera concierne a las subsidiarias de grupos extranjeros grandes, pues las decisiones sobre dónde reconocer utilidades y cómo estructurar los cargos intragrupo ahora se toman con este nuevo tablero en mente, lo que puede modificar los precios y servicios que la matriz factura a la filial peruana y, con ello, su resultado tributario local. La segunda concierne a las empresas que buscan atraer un socio o inversionista multinacional, ya que los beneficios tributarios locales pierden parte de su atractivo cuando el grupo terminará pagando la diferencia en otra jurisdicción, de modo que la propuesta de valor del Perú se desplaza hacia factores como estabilidad, talento e infraestructura.
La recomendación institucional es no esperar a que el estándar toque la puerta. Los grupos con vínculos internacionales, incluso los de tamaño medio que forman parte de cadenas de valor globales, deberían evaluar con sus asesores cómo este nuevo marco afecta sus flujos, sus contratos intragrupo y sus planes de expansión antes de firmar acuerdos relevantes. La fiscalidad internacional dejó de ser un tema exclusivo de las grandes corporaciones y se convirtió en una variable estratégica del mercado medio.
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Far far away, behind the word mountains, far from the countries Vokalia and Consonantia, there live the blind texts. Separated they live in Bookmarksgrove right at the coast of the Semantics, a large language ocean. A small river named Duden flows by their place and supplies it with the necessary regelialia. It is a paradisematic country, in which roasted.






