Las cifras del primer trimestre de 2026 confirman un ciclo expansivo que pocos anticipaban con esta intensidad. La inversión privada creció 13,2%, el crédito total se aceleró a una tasa interanual de 8,7% en abril y el consumo privado acumuló diez meses consecutivos de expansión, apoyado en la generación de 238 mil puestos de trabajo formales en el sector privado, la mejora de los ingresos y la mayor liquidez de los hogares. El dinamismo se sostiene sobre expectativas empresariales favorables, términos de intercambio excepcionales impulsados por los altos precios de los minerales y tasas de interés relativamente bajas, una combinación que incluso llevó las ventas de vehículos nuevos a niveles récord en el trimestre.
El detalle sectorial ayuda a entender la amplitud del fenómeno. El empleo formal creció con especial fuerza en los sectores agropecuario, servicios y comercio, la construcción avanzó a tasas cercanas al 9%, el crédito hipotecario mantuvo expansiones superiores al 7% interanual y la balanza comercial registró superávits históricos apoyados en exportaciones que superaron los 28 mil millones de dólares en el primer trimestre. No se trata, por tanto, de un rebote concentrado en un sector afortunado, sino de una expansión de base amplia que alcanza tanto a la demanda interna como al frente externo de la economía.
Adviertimos, sin embargo, que junto a las buenas noticias corresponde la mirada crítica que todo dueño de empresa necesita. Los ciclos expansivos en el Perú tienen una característica histórica que conviene no olvidar, y es que suelen convivir con calendarios políticos que introducen incertidumbre en las decisiones de largo plazo. En ese sentido, la pregunta correcta no es si el ciclo es bueno, que claramente lo es, sino cuánto de este ciclo puede capturar cada empresa antes de que las condiciones cambien. La historia económica peruana premia sistemáticamente a quienes invierten con el viento a favor y llegan a los períodos de ruido con la capacidad instalada lista y la deuda bien estructurada.
En términos accionables, dentificamos tres movimientos inteligentes en el contexto actual. El primero es adelantar las inversiones en capacidad, tecnología o expansión que ya estaban contempladas en el plan estratégico, aprovechando que el financiamiento fluye y que los bancos muestran mayor apetito de riesgo ante la baja morosidad del sistema. El segundo es renegociar las líneas de crédito y ampliar su tamaño en el momento de máxima fortaleza de los estados financieros, porque las líneas se consiguen en mejores condiciones cuando no se necesitan con urgencia. El tercero es cuidar la disciplina de la estructura de costos, ya que el error clásico de los ciclos favorables es confundir el crecimiento del mercado con mérito propio de la gestión y sobredimensionar costos fijos que luego no pueden sostenerse cuando el entorno se normaliza.
La síntesis institucional cabe en una frase que la firma repite a sus clientes en cada ciclo. Crecer con el ciclo es estrategia, depender del ciclo es fragilidad, y la diferencia entre ambas se define en las decisiones de estructura financiera que se toman precisamente en los trimestres buenos como este.






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